No se cómo abordar el tema de mi cumpleaños
-este jueves 9 de abril-
sin irme por el lado depresivo,
onda ahora cuesta abajo en la rodada
y hablando de lo que lo que los años
han hecho a mi cuerpecito…
si solo a él porque mi alma sigue intacta de joven,
incluso a veces pueril.
… darle al tema de la crisis de los 40
analizando todo lo que me falta por hacer,
centrándome en el tema de la maternidad,
que siempre he postergado
encontrando razones distintas
según las circunstancias y mi estado de ánimo.
… O ponerme filosófica
y discursear acerca de la mitad de la vida,
la transcendencia de la misma
según diversos paradigmas
e intentar escoger inútilmente
uno que me acomode
al menos por hoy…
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Como he decidido ser feliz
y tomármelo de manera anecdótica
sólo me centraré en las impresiones,
esas subjetivas sensaciones,
de lo que he ido percibiendo ha ido cambiando
en este ir sumando vueltas alrededor del sol
al acercarme a un equinoccio vital.
Mis preocupaciones han mutado
y aunque parezca increíble son cada vez menos.
Miro con distancia y cero añoranza
mi sufrida adolescencia y mi mafaldezca niñez,
llenas de cuestionamientos, rebeldía
y rechazo a todo.
Recuerdo con saudade
-nostalgia sin pena en portugués-
mi época universitaria,
porque putah que lo pasé chancho
en la perla del norte…
En los últimos años
me di permiso a cambiar de ideas
sin sentirme traidora, sino evolucionada…
Degusté de las bandejas que la vida puso por delante
sin caer en la gula, la ansiedad o el vicio…
bueno después de salir de algunos de ellos, jaja.
Me di porrazos y me volví a parar
machucada y adolorida pero seguí.
Cambié y de rumbo muchas veces
y nunca me arrepentí,
quizás por eso se volvió un hábito
y continuo nómade, peregrina, andariega…
Mi curiosidad y sorpresa ante todo es enorme,
por ello estudio incansable
y encuentro motivaciones.
El deterioro físico no me ha afectado hasta ahora
porque me siento sana,
de hecho mejor que hace algunos achacosos años.
Si estoy mayor, más cansada y a veces adolorida…
Pero aún mi cuerpo me permite hacer
todo lo que me gusta, sin abusar claro.
Y bonita nunca fui
así que no extraño lo que no tuve…
Además los complejos van desapareciendo
y los estándares cambian:
a esta edad no importa tener un cuerpo filete
sino que basta con no estar gorda
y saber vestirse…
Y si algún secreto he de confesar
de cómo he llegado hasta aquí sintiéndome así;
es hueviar y reír por todo antes que nada
es expresar las emociones todas
nunca tragarlas, hacerlas fluir…
Las vivo a concho, pero no las hago mías
las libero y se van
y luego vienen otras nuevas,
debutantes y estremecedoras
… desde esa fuente inagotable
que es la vida misma.
Y por eso escribo…
aquí se van muchas que ya no me hacen falta…
Y que jue…, soy una vieja pendeja
y me asumo como tal.

